La fantasía épica es por desgracia uno de los géneros que más altibajos tiene. En cualquier librería podemos encontrar decenas de obras maestras que comparten estantería con cientos o tal vez miles de libros de calidad media tirando a baja, haciendo difícil decidirse por alguna obra sin escuchar una recomendación o leer una crítica. Por un lado tenemos los refritos de El señor de los anillos, con sus arquetípicos representantes del bien supremo salvando el mundo del mal más oscuro y tenebroso. Por otro, historias sacadas del mundo de cualquier juego de rol o cualquier videojuego, las cuales, salvo excepciones, solo son disfrutadas por los fans más entusiastas. Y por otro lado hay historias cargadas de imaginación y originalidad pero faltas de la calidad narrativa que necesitan para destacar.
Afortunadamente de vez en cuando salen obras que brillan con luz propia y La saga de Geralt de Rivia es, sin duda, una de ellas. Andrzej Sapkowski, su autor, toma elementos de las leyendas y los cuentos, le añade algunos propios, y crea un mundo de fantasía tal vez muy similar a la Tierra Media; pero una Tierra Media tras algunos siglos, donde los humanos dominan claramente mientras que las demás razas inteligentes han tenido que escoger entre ser ciudadanos de segunda o resistir en una guerra que tienen muy difícil ganar. Es sin embargo un mundo realista, donde las luchas de poder entre las altas esferas contrastan con las sencillas vidas de la gente normal, que sólo quieren tener tranquilidad y el estómago lleno sin importarles el señor ante el que se han de arrodillar.
En ese mundo se mueve Geralt de Rivia. Geralt es un brujo errante, con un aspecto diferente a causa de los rituales de preparación a los que ha sido sometido, con un sentido de la moral muy particular y una visión un tanto cínica de la vida, que se gana la vida haciendo aquello para lo que ha sido entrenado: cazar monstruos, pero siempre y cuando no sean criaturas inteligentes y amenacen la paz. En su camino encontrará quienes desconfíen de él, quienes le desprecien, y quienes quieran utilizarlo para sus propios fines. Así se verá envuelto, sin quererlo, en intrigas y luchas de poder, teniendo en muchas ocasiones la obligación de decidir el menor de los males.
El primer libro, El último deseo, nos ofrece una serie de relatos narrados a la sacerdotisa en cuyo templo se ha refugiado para recuperarse de las heridas recibidas en su último encargo. Es esas historias, en principio inconexas, donde se sientan las bases de la línea argumental del resto de la saga; además de darnos a conocer a otros personajes, como el bardo Jaskier, la hechicera Yennefer, o Cirilla, quien llevará buena parte del peso de la historia más adelante. A partir del segundo libro, y partiendo de la base sentada en los relatos, se desarrollará una historia más amplia, donde Geralt tendrá que vivir y a menudo sobrevivir en un mundo amenazado por el sureño Imperio Nilfgaardiano y las confabulaciones de los hechiceros y los reyes.
¿Qué otras cualidades podemos encontrar en esta saga? Pues muchas. Sapkowski narra con soltura y dinamismo, haciendo que el lector no se aburra hasta en los momentos más tranquilos de la historia. Además, el uso del lenguaje que hace Sapkowski es sobresaliente, pues cada personaje tiene una forma de hablar según su nivel cultural. Así, los campesinos usan sus vulgarismos y sus errores gramaticales, los hechiceros demuestran su amplio vocabulario continuamente e incluso hay personajes que intentan hablar correctamente para ponerse a la altura intelectual de los demás.
En definitiva, una saga que engancha y que tenemos a nuestra disposición en español, a pesar de que la segunda parte del último libro, La dama del lago, siga inédita hasta la fecha. Si quieres leer algo de fantasía épica diferente, con personajes únicos e historias apasionantes, no dudes en darle una oportunidad a Geralt de Rivia.